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EL ANCHO MAR DE LOS SARGAZOS. JEAN RHYS.

¿QUE FUE DE LA LOCA DE LA CASA?  

  Pero no, el enemigo es otro, sobre todo el enemigo es la idealización de ti misma que tú te has creído y que esperan que se sostenga en el tiempo. El enemigo es el desengaño al descubrir que no eres nadie si ya no despiertas interés o deseo, al menos nadie a quien poder amar como tú pensaste que merecías ser amada. El enemigo es sobre todo la dependencia, la falta total de poder a la que te ves sumido cuando vives tu vida como un esclavo. Así que llega el miedo, la soledad, la desesperación o la resignación, en el mejor de los casos. En el peor, la muerte, la locura, la aniquilación completa.



   "El ancho mar de los sargazos" es una novela escrita para reconstruir la visión del mundo creada por Jane Eyre, de Charlotte Brontë.  La novela decimonónica es un homenaje a la mujer que quiere ser sincera y encontrar el amor en la verdad, respetándose a sí misma. Y es un avance, sin lugar a dudas, un avance que, además refleja el esfuerzo mismo hecho por su autora en la misma dirección, la de abrirse paso en el mundo, encontrar una identidad propia, hacer uso de sus capacidades intelectuales y vivir de ellas. Sin embargo, la autora reconoce en la novela la dificultad de crear esta misma independencia puesto que la protagonista, como tantas otras, termina por encontrarse a sí misma a través del matrimonio, de un matrimonio conveniente, eso sí (por mucho que venga rodeado de toda la parafernalia propia de los constructos del romanticismo) Una vez más, hace falta valor para pensar de manera diferente y decir: un momento, ¿hay algo aquí que nos rechina? 



  Sin afán de fastidiar la fiesta, ¿quién era esa loca que estaba encerrada y por qué? Jean Rhys es la mujer valiente que se atreve a releer a sus predecesoras, también valientes, y decir qué es lo que no pudieron o no quisieron ver. 

 La clase social no siempre es un trampolín del que caes de pie. Si eres mujer, tu dependencia del hombre seguirá existiendo tanto si utilizas la clase y el poder de tu esposo, como si es él el que utiliza tu nombre y posición para construirse una, y de paso anularte en el camino. 

  El Ancho mar de los Sargazos rebusca ahí, en el pasado de esa loca peligrosa que impide a la protagonista poder realizar su sueño de casarse con el hombre amado y admirado, el hombre que sin duda merece, y que es su igual o como tal lo reconoce. ¡Ay, de la que no tuvo semejante oportunidad! La otra, la que te antecede, quizá la exesposa, la madre propia o la de la pareja, la amante o la esposa misma, si la amante eres tú. La monja, la puta, la vecina de arriba enseñando las jodidas piernas mejores que las tuyas, la blanca repugnante, o la negra asquerosa de mierda -qué se habrá creído que es mejor que tú- La que lleva el velo o la que no lo lleva -qué vergüenza- Ahí están los enemigos, los obstáculos, las injusticias a las que hay que ceñirse. En las otras mujeres.

    La autora nos recuerda que hay un ancho, largo, profundo y tortuoso mar lleno de algas que pueden atraparte, y enredarte hasta hundirte sin remedio. La autora, desde la lucidez de su extrema juventud, nos recuerda que los pájaros sin alas sucumben el fuego sin remedio y que la naturaleza que se enardece dentro del cuerpo de las mujeres puede ser un yugo y una trampa. En esta trampa caerá Berta y la pérdida de su mundo, de su ser, de su sentido sólo podrá conducirle, como a tantas otras Bertas a la total indefensión, a la pérdida de la libertad más absoluta que es la pérdida de la razón y de la identidad para disolverse en una nada creada por y para otras personas. 

   Así llegamos a comprender a Berta, a escuchar su voz y la de las que sucumbieron de manera terrible a la pérdida de la razón. En acto final, que enlaza la historia con su precedente, reconstruye el relato y nos deja un regusto amargo y, al mismo tiempo, una sensación de que se ha hecho justicia, simplemente porque hemos conocido el sentido detrás del acto y hemos comprendido que el ser humano que está oculto pudo haber tenido una vida distinta, y un final distinto, un final que no sirviera de “atrezzo” para el romance misterioso y fascinante que nos ha conmovido durante dos siglos.