CENIZAS, SENTIDO Y DESTRUCCIÓN DEL CONCEPTO DEL AMOR PATRIARCAL.
Dibujo que representa a la autora en su madurez.Los Desengaños de Zayas me han hecho sentir a un tiempo esperanzada y desesperanzada, acompañada y sola, deslumbrada y oscura. Lo que relata sobre las mujeres es terrible, y hace daño, y al mismo tiempo, deslumbra ver que fue capaz de escribir algo así hace tantos años.
No sé si es por esa capacidad de adelantarse a su tiempo por lo que intentó ser borrada. o por lo que no pudo llegar a serlo. De todas formas, entre las poquísimas grandes escritoras que conocí en mi etapa escolar estaba ella, María de Zayas Sotomayor. Eso sí, solo me hablaron de la primera parte de su serie de novelas "amorosas" Pasarían muchos años hasta que llegaran a mis manos Los Desengaños. Sólo el título ya me resultó sugerente. Me recordó, por su enfoque, al de muchos de los cuentos de amor de Emilia Pardo Bazán, que en realidad son deconstrucciones del concepto de amor romántico que tanto daño ha hecho a las mujeres.
Margarita de Navarra y su Heptamerón, libro del que también hablo en este blog, es una influencia muy importante, sin duda, pero como es lógico, casi cien años después, la claridad para ver el nivel de odio y para comprender la crudeza del espanto se ha duplicado. Los relatos sostienen las mismas discusiones en la llamada "guerra de los sexos" La autora equilibra -como la escritora francesa que la inspira- la ironía y la denuncia femenina con el sarcasmo y el insulto masculinos. Es un discurso coral, al modo iniciado por Boccaccio, en el que las distintas voces oponen su visión del mundo. Pero la potencia de las narraciones se dispara por la crudeza de la descripción, del modo en el que el cuerpo de las mujeres y su existencia misma son objeto de escarnio, tortura, aniquilación y traición. En ocasiones con la complicidad de otras mujeres, como siempre ocurre en el inventario de las víctimas. En ocasiones, con la complicidad de la propia familia, de la figura paterna, como sólo ocurre a las mujeres.
La recepción de estas novelas entrelazadas fue muy exitosa, pues sabemos que la autora fue admirada en su tiempo, y esto le concede el mérito de haber sabido hablarle a su época del único modo en que podía ser escuchada. Me parece imposible negar una intención crítica tan tremenda, un deseo de que las lectoras escuchen, presten atención, sean capaces de recontextualizar y comprender el modo en el que se puede llegar a jugar con ellas o a convertirlas en seres humillados o aniquilados. Por eso entiendo que Zayas puede ser considerada, sin duda, como un antecedente del feminismo.
Puede parecer que en absoluto consiguió su
objetivo, puesto que estamos hablando de un libro que cumplirá los 400 años en
breve, sin embargo, algo me dice que sí, que tanto ella como Margarita de Angulema
consiguieron más de lo que puede parecer. Por eso la lectura de estos libros es
esperanzadora y desesperanzadora a un tiempo. Como si nos encontrásemos ante
una lucha que no tiene fin. Leo estos días El mundo deslumbrante, de Siri Hustvedt y puedo ver en ella la mirada despierta, atenta y dolorosa de su predecesora cuando aparta las capas y capas de cinismo, egos, ambición y estupidez que nos sepultan y deja en medio la simple y absoluta verdad del desengaño.
Quizá algún lector o lectora pueda considerar que existen aspectos racistas o homófobos en estos relatos que los descalifican por entero, pero se debe atender al contexto y a la dificultad extrema de comprender otras formas de opresión más allá de la propia, algo que se pide reiteradamente a las mujeres pero que es extremadamente difícil. Tampoco es de recibo pedir que se acallen aquellas formas de opresión, engaño o manipulación que vengan de la mano de estructuras de poder o formas de vida determinadas, aunque estas puedan ser a su vez objeto de marginación. Por tanto, es necesario considerar la obra en su tiempo y apreciar como la autora nos describe a distintos colectivos humanos y el modo en el que el hecho de ser mujer dentro de dichos colectivos determina la vida y las posibilidades específicas de sufrimiento añadidas.
Se ha dicho que la autora debía odiar a los hombres por algún desengaño propio. Leer estas novelas y sacar semejante conclusión es, en sí mismo, una muestra de hasta que punto la misoginia y el retorcimiento pueden hacerse eco en el discurso. El objetivo es presentar como locura o necedad el valor y la fuerza necesarias para subvertir el poder violento que se disfraza de emociones fabulosas y bellas, para convertir en polvo a las mujeres, incluso si se trata de polvo enamorado.