PAISAJE CON FIGURA DE MUJER.
“Akhila, tumbada en la cama con la mirada
fija en la ventana, decidió que se iba. Esa misma noche.” El viaje, en un
vagón de tren para mujeres, (lo que da el título a la novela) será la excusa
para crear el lugar de encuentro desde el que estas personas desnudan sus
vidas, y será también la metáfora del viaje espiritual que emprenden, como no
podía ser de otra forma, siguiendo los cánones del género. Por otra parte, como
en todas sus novelas, la autora refleja de un modo abierto, y sugestivo al
mismo tiempo (como si estuviera revelando un secreto) los entresijos de las
relaciones políticas y sociales de su país natal. Las corruptelas de la clase
funcionarial, la dificultad para aceptar los cambios sin reservas imposibles.
En este proceso de modernización, la escritora nos permite observar el papel
fundamental que juegan las mujeres y las ventajas, así como dificultades y los
retos, que suponen para ellas esos cambios.
La clave de ese proceso de cambio femenino es
la capacidad de decidir, la autonomía, la renuncia a ser un individuo
dependiente y protegido, al menos en apariencia. “Akhila está sentada en un
banco junto al mar. Se quedará allí hasta que enciendan las farolas y luego
volverá andando hasta el hotel, decide” Ese verbo en presente de
indicativo, primera persona de singular, lo es todo: “decide”. El viaje ha
permitido a Akhila entender quién es en ese momento de su vida, entender que lo
que sea el futuro tiene que depender de su voluntad y no de la ajena.
En el último capítulo se cuenta una historia
a través de una noticia, con la brevedad de un titular. Nos basta para entender
y completar la vida de estas personas y nos basta para comprender que, tras
ella, hay otras muchas similares: “A Akhila le llama la atención una noticia
del periódico sobre un suicidio colectivo. Toda una familia en una aldea de
Kerala. El padre de familia administró veneno a su mujer y sus cuatro hijos y
luego se colgó de un gancho del techo. En la nota que dejó tras de sí hablaba
de desesperación. Tenía el SIDA y no quería que su familia fuera marginada por
él. No conocía otra forma de protegerles de la desgracia y la infelicidad,
escribió. ¿Su mujer quiso morir con él?, ¿Y sus hijos?, piensa Akhila ¿Cómo se
atrevió a quitarles la vida como si tuviera derecho a decidir si tenían que
vivir o que morir? Pasa la página asqueada. Piensa que quince días antes habría
leído la noticia sin preocuparse por la mujer o los hijos”.
Como vemos, para Nair es de crucial importancia
la capacidad de las mujeres indias de ponerse en el lugar de las otras mujeres
para, a partir de ahí, salir de ese lugar. Este proceso de rebeldía genera la
nueva identidad, y esta nueva identidad es la base, como decía al principio, de
cambios que afectan directamente a la mitad de la población del país. Por tanto,
estamos hablando de más de setecientos millones de personas; pero es que, además, estos cambios
que afectan a todo el país y, en última instancia, al mundo entero, debido al
papel sustancial que juega la libertad de las mujeres y su autonomía en lo referente
a la densidad de población. (Actualmente este crecimiento se ha detenido y se
encuentran por debajo de la tasa de reemplazo).
Pero Nair no es una escritora que excluya de
sus reflexiones a los hombres. Trabaja sobre la idea de la construcción de la
individualidad a partir de reflexiones filosóficas y sociales que también van a
las raíces de la compleja y antigua cultura india. En este sentido, la novela
anterior Un hombre mejor nos permite también conocer y comprender estas
raíces, que dotan el universo de la novelista de un sentido propio y diverso al
de la narrativa de corte occidental. Esta diversidad cultural tiene un efecto
enriquecedor y nos conduce a un viaje de conocimiento no sólo de la vida de las
mujeres en India, sino también de los contrastes y las similitudes que podemos
hallar con nuestras propias vidas.
