¿Te gusta leer?

¿Te gusta leer?

El puño cerrado con algo dentro.

 

 


   Pasaron bastantes años hasta que me decidí a leer esta novelita, breve pero grande por su valor, que es extraordinario. No sé por qué tardé tanto en leerla, quizá por miedo a que me decepcionara y perder un icono literario femenino, entre los pocos que existen en el canon literario, como es el caso de Gertrudis Gómez de Avellaneda.

  La novela combina la concentración de la acción y la intensidad del conflicto dramático, con la riqueza narrativa que proporciona el ahondamiento de la introspección de los personajes a través de la narración omnisciente, y la creación del entorno, del paisaje cubano entretejido por descripciones de gran intensidad y belleza. Por un lado, Avellaneda desarrolla el discurso desde la interioridad, desde las emociones del protagonista, entrelazadas con las visiones, deseos e intereses de su entorno, en oposición a él. Por otro lado, la novela construye en tu cerebro la viveza de las imágenes, casi con una fuerza cinematográfica.


 Cuando leemos Sab nos sentimos irremediablemente avasallados por una conciencia clara, que observa las debilidades humanas con compasión y al mismo tiempo, con claridad de juicio. La pasión amorosa es analizada con la precisión de una autopsia, mostrando de manera descarnada la forma en el que lo más sublime y lo más rastrero pueden darse la mano en los sentimientos de una persona. El deseo, la fuerza inmensa que arrebata al ser por la posesión de algo que considera que le pertenece o que debe pertenecerle, una fuerza que se manifiesta desde la más tierna infancia en ese “es mío” de la mano infantil que aprieta con fuerza inusitada un objeto cualquiera. La pobreza, la enfermedad o la miseria más absoluta no nos exime de este sentimiento. La esclavitud no nos exime de este sentimiento, lo pude girar, convertir en un acto de adoración desde el cual el objeto que se venera nos eleva a nosotros mismos y por ello se vuelve todavía más imprescindible.

  Así pues, en unas pocas páginas, Gertrudis de Avellaneda crea un tratado sobre la naturaleza humana, contrastando la relajación del que se siente poderoso y dueño de sí mismo y de cuanto necesita, con la tensión del que carece de esa seguridad y con el dolor del que se levanta con la certeza de que ha sido despojado. La libertad no significa nada en este contexto en el que ser dueño de uno mismo no tiene, en sí, ningún valor. Son las cosas, el dinero, la posición, el ser deseado y amado, o algo más pequeño, algo simbólico como un simple retrato. La genialidad de la obra consiste en hablarnos sobre la esclavitud yendo más allá de ella.


 No se puede acudir a Sab esperando encontrar una obra naturalista o políticamente avanzada a su tiempo. Sab no enfrenta todavía de manera frontal y descarnada la cuestión de la explotación de unos seres humanos por otros, la describe, pero exime de la responsabilidad a los que debería cargar con su peso. Lejos de cualquier forma de naturalismo o de realismo, Sab es una hija del pensamiento romántico, bella y sincera, que nos ofrece un reflejo de nosotros mismos, del espíritu egoísta del ser humano ya sea la persona en apariencia más entregada y buena del mundo, o la persona más idealista y sensible. Si tienes el valor de ver tu reflejo en ella, nunca la olvidarás.